Comics que nadie lee/Para un publico que no existe

Tuesday, April 25, 2006

( también conocido como ) TRULOBOY (*)

Todos los cartoonists ( resumo aquí : dibujantes de comics, caricaturistas, ilustradores, y lo que se les parezca ) venimos de alguien. Todos pertenecemos a alguna tradición. No importa cuan lejos lleguemos, nuestra historia empieza en un momento de fascinación por el trabajo de otros que empezaron muchísimo antes que nosotros. Quisimos ser como ellos. Quisimos ser ellos. Los más talentosos, los más originales, los artistas con más horas de vuelo que nadie, y con las mejores credenciales que da la experiencia, reconocen siempre su estirpe con orgullo. Pero en esta compacta realidad aparecen, no con frecuencia, extrañas perturbaciones del orden que no siempre estamos preparados siquiera para reconocer, para saber que están ahí, delante de nuestros ojos. Mutaciones genuinas del lenguaje gráfico en el que habitualmente nos comunicamos, y que nos obligan a revisar todo lo aprendido. Se altera la secuencia, se subvierte el código. Es el turno de Truloboy.
(*) Jorge Perez-Ruibal ( Lima, 1978 ) , autor de TRULOPOLIS, no perturba el orden por puro capricho, pero tampoco nos toma por asalto con una agenda revolucionaria, Dios lo bendiga. En realidad, no sabe lo que está haciendo. No es que quiera cambiar el mundo, es simplemente que no puede evitarlo. Tiene la urgencia suprema de decir ciertas cosas, o, si preferimos ponernos orientales, son ciertas cosas las que tienen urgencia de hablar a traves suyo. Rodeado de brumas serenas y árboles de cerezo, el alfarero zen le pregunta a la arcilla qué forma desea entregar al mundo, mientras que, en el otro extremo del globo, Truloboy efectúa un rito equivalente, sólo que con tinta y papel. Y un soundtrack de rock'n'roll.
Truloboy no viene de nadie. Lo vemos venir del underground, bien nutrido y con el instinto afinado, pero es imposible saber más. A las mutaciones les da por comportarse así, por no parecerse a nadie, por empezar de cero. Por formar una nueva especie. En el mundo son pocas, y son mucho menos las que se dejan ver. En realidad, el problema no es suyo, sino de quienes nunca sabrán que existen otras maneras de mirar, que se puede olvidar todo y acompañar a estos primitivos del futuro en su viaje a los orígenes del dibujo. Antes incluso de aventurarse con TRULOPOLIS, el Trulster se había abandonado a las mareas de una visión hipersensible, surfeando sobre el delirio con una destreza sobrenatural. Y todo el tiempo tomando notas. Es que tampoco vemos lo que él ve, ni como él lo ve. Ahí están sus cuadernos secretos, llenos de información sobre el mundo, escritos en el idioma perdido. Si sólo supiéramos ver. Si sólo supiéramos que necesitamos del ojo poético para leer la realidad. Y estar dispuestos a ser desprogramados. La misión cumplida de TRULOPOLIS es esa, precisamente, desmantelar para nosotros el lenguaje visual aprendido y transformarlo en una herramienta de precisión quirúrgica. Ver al Trulerator dibujar es verlo dar en el blanco con los ojos vendados. Queríamos, finalmente, que los comics le hincaran el diente a la vida real ? Pues aquí tenemos, ahora, a la vida real hincándole el diente a los comics, con fuerza, con crudeza y con una alegría feroz. La vida real tomando posesión, invadiendo e infectando a los comics, haciéndoles cumplir, de una buena vez, con su destino de ser VISION y no literatura.

1 comment:

Buitro said...

La visión de los dibujos del truloboy (que rastreamos hasta encontrar parentescos tan entrañables para uno como el Bosco y Brueghel), nos invita no solo a cuestionar la naturaleza de nuestra aproximación a las artes gráficas de siempre, sino, finalmente, a la naturaleza ilusoria de nuestra relación con los "demás", con lo "otro", sean objetos, perros o tempestades, llámense como se llamen y tomen la forma que tomen. Se quiebra un importante e innombrable código y la urgencia por sustituirlo o buscar otro que se le parezca para tranquilidad de lo que de buena y contemplativa persona aún haya en nosotros nos hace verlos como "raros", "pajas", "locos" o tan solo decorativos. Nada mas equivocado. En realidad hay algo mas que eso, detrás del instinto de conservación de nuestra parte zombie esta la inconfesada certeza de la imposibilidad de comunicarnos. La letra chiquita al final del contrato que firmamos con la condicion humana lo dice mejor: "Añádasele al hombre por siempre la tristeza y la melancolía, la puta ternura de la soledad". "Truloboy no sabe lo que esta haciendo",de acuerdo, solo explota y pierde los papeles, como todos nosotros alguna vez. Solo que el trulo antes de perderlos los dibuja. Vivir maltrata mucho. Incluso los seres más abyectos fueron niños alguna vez. Reconozcámoslo, muchos ya no lloramos como dibuja truloboy. El maldito Truloboy y la magia que aun nos esconde el cerebro humano.

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